Un paseo descalza por la playa, un abrazo, una conquista, el día que te pones tus vaqueros preferidos, una llamada por la noche, estrenar tacones nuevos, sacar la cabeza por la ventanilla sin miedo a despeinarte, leer un libro tomando el sol, gritar en vez de llorar, cantar en la ducha, un sorbito de coca-cola, un nespresso, reírte sin más con alguien especial. Pequeños detalles.
En este momento, estoy en mi cama, abrazada a mi almohada, sonriéndole al techo y pensando en mí. Llevaba tiempo huyendo de la soledad, por miedo o quizás porque eso significaba la ruína, y sin embargo estoy aprendiendo a necesitarla, a relajarme con ella.
He dejado de creer en todo. Ni retengo, ni espero. Ni pasado ni futuro. Me limito al presente, porque la vida es ahora. Se trata de mí, de ser yo. Bonita palabra “YO” hacía tiempo que ni la pensaba ni la pronunciaba. Pero esta vez creo que en mi misma, soy yo, la última voz cantante, la que decide, la que piensa. No siento, solamente aprecio esos pequeños detalles, cosas insignificantes cargadas de significado.
“No dejéis que os digan “no” a nada, porque nadie tiene el poder de deciros eso. Una cosa es segura, podéis tener mil opiniones, de mil personas distintas, pero sois vosotros mismos, los únicos que podéis decidir y saber lo que realmente queréis. Dejar que os digan: “se tu misma, haz lo que quieras, eres tu y el mundo, la que tiene el poder de vivir su vida”. El día que os digan eso, estar absolutamente seguros, de que esa persona es la que realmente quiere lo mejor para vosotros. Es la que os está dando la oportunidad de ganar o de aprender perdiendo. No la que os acusa o os manda parar.
No os refugiéis nunca en nada, no necesitéis de nada, que no os hagan esclavos.
Y os lo dice, la mayor esclava del tiempo.
El destino guarda su propio plan secreto, las cosas pasan por algo y en su debido momento, por lo tanto esperar, todo llega.

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